viernes 10 julio 2020
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Dos miradas, una historia

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, volvió a sugerir este viernes que algunos indígenas pueden estar vendiendo sus tierras a extranjeros y reiteró que no creará nuevas reservas para los pueblos originarios mientras esté en el Gobierno.

En declaraciones a periodistas, Bolsonaro comentó que su Gobierno continúa analizando planes para el «desarrollo sustentable» de la Amazonía, donde los crecientes incendios forestales de las últimas semanas han comenzado a ser controlados, los cuales incluirían la posibilidad de liberar actividades económicas en los territorios indígenas, que son hasta ahora zonas preservadas.

Según el mandatario, mientras existe una mayoría de indígenas que «quiere integrarse a la sociedad» y tener la posibilidad de explotar los minerales atesorados en sus tierras, hay otros que están «vendiendo sus reservas a extranjeros».

Bolsonaro, que en forma recurrente alude a esa posibilidad sin aportar mayores datos ni precisiones, también reiteró que, mientras esté en el Gobierno, no pretende crear nuevas reservas indígenas, pues ya hay «mucha tierra para poco indio».

En ese marco, el gobernante argumenta, y en ese caso apoyado en datos oficiales, que en Brasil existen cerca de 400.000 indígenas, distribuidos en unas 600 reservas que abarcan el equivalente al 13 % del territorio del país.

También subrayó que, cuando asumió el poder, el pasado 1 de enero, descubrió que «hay unos 400 pedidos para la creación de unas nuevas reservas», que si fueran aceptados llevarían el porcentaje del territorio nacional en manos de los indígenas al 20 %.

«Es mucha tierra para los indios», insistió Bolsonaro, quien afirmó que esas nuevas reservas sólo serán creadas si el Gobierno es «obligado» a ello por la Justicia.

Como ejemplo de lo que considera una «distorsión», Bolsonaro citó una reserva de la etnia yanomami, situada en el norte del país, en los límites con Venezuela y que ocupa unos 10 millones de hectáreas.

«Tiene dos veces el tamaño de Río de Janeiro y allí viven apenas unos 10.000 indios», sostuvo el mandatario.

Fuente: https://www.efe.com/efe/america/sociedad/bolsonaro-insiste-en-que-algunos-indigenas-venden-sus-tierras-a-extranjeros/20000013-4053467

«Brevísima relación de la destrucción de las Indias» brasileña
2019-06-09

En función del Sínodo panamazónico de octubre de 2019 vale la pena recordar cuál fue «la destrucción de las Indias» brasileñas, en el lenguaje de Bartolomé de las Casas al referirse a América Central.

La primera reunión, el 21 de abril de 1500, narrada idílicamente por el cronista Pero Vaz de Caminha, pronto se convirtió en un desencuentro profundo. Debido a la voracidad de los colonizadores, no hubo reciprocidad entre los portugueses y los indios, sino una confrontación, desigual y violenta, con consecuencias desastrosas para el futuro de todas las naciones indígenas.

Como en el resto de América Latina se les negó la condición de seres humanos. Todavía en 1704 la Cámara de Aguiras, en Ceará, escribía en una carta al rey de Portugal que “las misiones con estos bárbaros están excusadas, porque de humanos sólo tienen la forma, y quien diga algo más es un error conocido”. El papa Pablo III, con la bula Sublimis Deus del 9 de julio de 1537, tuvo que intervenir y proclamar la dignidad eminente de los indígenas como verdaderos seres humanos, libres y dueños de sus tierras.

Por las enfermedades de los blancos contra las cuales no tenían inmunidad: la gripe, la varicela, el sarampión, la malaria y la sífilis; por la cruz, por la espada; por la degradación de sus tierras, imposibilitando la caza y la siembra; por la esclavitud; por guerras declaradas oficialmente por Don João VI el 13 de mayo de 1808 contra los Krenak en el Valle del río Dulce; por la humillación sistemática y la negación de su identidad… los cinco millones se redujeron al número actual de 930.000.

En lo que refiere a los pueblos indígenas, se hizo presente el propósito político de su erradicación, ya fuera por aculturación forzada, miscigenación espontánea y planificada, o por exterminio puro y simple, como hizo el Gobernador General de Brasil, Mendes Sá, con los Tupiniquim de Ihéus: “Los cuerpos fueron colocados a lo largo de la playa, alineados en la extensión de una legua” Modernamente, cuando se abrieron las grandes carreteras y las presas hidroeléctricas en el Amazonas, se utilizaron contra ellos defoliantes químicos, ataques con helicópteros y vuelos rasantes de aviones, incluso bacterias introducidas intencionadamente.

Citemos sólo un ejemplo paradigmático que representa la lógica de la “destrucción de las Indias brasileñas”. A principios de siglo, cuando los frailes dominicos comenzaron una misión a orillas del río Araguaia, había 6-8.000 kaiapó, en conflicto con los recolectores de caucho de la región. En 1918 se habían reducido a 500. En 1927 a 27. En 1958 a un solo sobreviviente. En 1962 fueron declarados extintos en toda la región.

Con la aniquilación de más de mil pueblos, en 500 años de historia brasileña desapareció para siempre una herencia humana, construida en miles de años de trabajo cultural, de diálogo con la naturaleza, de invención de lenguas y de construcción de una visión del mundo, amiga de la vida y respetuosa de la naturaleza. Sin ellos, todos nos empobrecemos.

El sueño de un indio Terena, recogido por un buen conocedor del alma brasileña e indígena, muestra el impacto de esta devastación demográfica en personas y pueblos: “Fui al antiguo cementerio guaraní en la Reserva y vi una gran cruz allí. Vinieron hombres blancos y me clavaron boca abajo en la cruz. Se fueron y yo me quedé allí clavado y desesperado. Me desperté con mucho miedo” (Roberto Gambini, El espejo indio, Rio de Janeiro 1980, p. 9).

Este miedo, por la continua agresión del hombre blanco y bárbaro (que arrogantemente se llama a sí mismo civilizado), se ha convertido en los pueblos indígenas en el temor de ser exterminados para siempre de la faz de la Tierra.

Gracias a las organizaciones indígenas, a las nuevas legislaciones proteccionistas estatales, al apoyo de la sociedad civil y de las iglesias, y a la presión internacional, los pueblos indígenas se están fortaleciendo y creciendo numéricamente. Sus organizaciones revelan el alto nivel de conciencia y articulación que han logrado. Se sienten ciudadanos adultos que quieren participar en los destinos de la comunidad nacional, sin renunciar a su identidad, colaborando con otros sujetos históricos con su riqueza cultural, ética y espiritual.

Por eso, es extremadamente ofensivo para su dignidad la forma en que el Estado brasileño, especialmente bajo el gobierno de Bolsonaro, los trata y maltrata con sus políticas indigenistas, como si fueran primitivos e pueriles. En realidad, ellos tienen una integridad que nosotros los occidentales hemos perdido, rehenes de un paradigma de civilización que divide, atomiza y contrapone para dominar más. Son guardianes de la unidad sagrada y compleja del ser humano, inmersos con otros en la naturaleza de la cual somos parte y parcela. Conservan la feliz conciencia de nuestra pertenencia al Todo y de la alianza eterna entre el cielo y la tierra, origen de todas las cosas.

Cuando en octubre de 1999 me encontré con los indígenas noruegos -los samis-, en Umeo, me hicieron una primera pregunta antes de la conversación:

– ¿Los indios brasileños conservan o no el matrimonio entre el cielo y la tierra?

Inmediatamente entendí la pregunta y respondí resueltamente:

– Por supuesto, mantienen este matrimonio. Porque del matrimonio entre el cielo y la tierra nacen todas las cosas.

Ellos felices respondieron:

– “Entonces todavía son verdaderamente indios como nosotros. No son como nuestros hermanos de Estocolmo que olvidaron el cielo y se quedaron sólo con la tierra. Por eso se sienten infelices y muchos se suicidan. Si mantenemos unidos el cielo y la tierra, el espíritu y la materia, el Gran Espíritu y el espíritu humano entonces salvaremos a la humanidad y a nuestra Gran Madre Tierra”.

Ésta, seguramente, es la gran misión de los pueblos originales y su mayor desafío: ayudarnos a salvar la Tierra, nuestra Madre, que nos genera y nos sostiene a todos, y sin la cual nada en este mundo es posible.

Necesitamos escuchar su mensaje e incorporarnos a su compromiso, para hacernos como ellos testigos de la belleza, la riqueza y la vitalidad de la Madre Tierra.

Fuente: Página de Boff en Koinonía

 

Ver discurso actual de Bolsonaro: https://youtu.be/SPk1f6UDMjs

Bolsonaro aseguró en su discurso como jefe de Estado en la Asamblea General de la ONU que es «una falacia» decir que la Amazonía «es patrimonio de la Humanidad y un pulmón del mundo»»

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