domingo 19 agosto 2018
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Mujer del pueblo Shipibo y esterilización forzada

Bajo engaños una pareja de enfermeras llegó hasta la comunidad nativa de Lusmila Vásquez Chávez y junto a otras la condujo hasta el Hospital Amazónico …

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Mujer del pueblo Shipibo y esterilización forzada

Bajo engaños una pareja de enfermeras llegó hasta la comunidad nativa de Lusmila Vásquez Chávez y junto a otras la condujo hasta el Hospital Amazónico supuestamente para una prueba de Papanicolaou, pero al final la operaron contra su voluntad para que no tuviera más hijos.Recuerda perfectamente el día porque ocurrió dos meses después que nació su quinta hija, Meraly, el martes 9 de setiembre de 1997. Dos enfermeras a las que jamás había visto en su vida llegaron hasta su casa en la comunidad de Puerto Consuelo, en el distrito de Masisea, Ucayali. Las mujeres se habían enterado de que la nativa shipiba Lusmila Vásquez Chávez había tenido una quinta hija, por eso la buscaron. En la profundidad de la selva.“Me dijeron: ‘Estamos buscando mujeres para llevar al Hospital Amazónico porque hay una campaña de la prueba de Papanicolaou. También se entregarán medicamentos gratis’. El Hospital Amazónico era el mejor de la ciudad de Pucallpa. Nunca había ido ahí”, recordó.

En ese momento, cuando arribaron las enfermeras, Lusmila Vásquez cocinaba plátano y pescado para ella y sus hijos.

“Estaba emocionada pero también tenía dudas. Poco a poco fui confiando en las palabras de las enfermeras. Me animé a acompañarlas después que me dijeron que dos señoras de mi comunidad también irían. Yo partí con ellas con mi hija de dos meses en brazos”, añadió Lusmila Váquez. Ella aceptó volver a recorrer el camino por donde hace 20 años las enfermeras la condujeron con mentiras para esterilizarla contra su voluntad, como parte de la política de control de la natalidad del régimen de Alberto Fujimori.

No le dio tristeza sino ira porque fue víctima de engaños.

La República acompañó a la nativa shipiba Lusmila Vásquez por el doloroso camino que emprendió hasta el Hospital Amazónico, en Pucallpa. Un camino que otras decenas de nativas también hicieron bajo mentiras.

Ruta del dolor
Desde de su casa hasta el Puerto Consuelo, en la ribera del río Ucayali, se debió transitar una agotadora trocha durante una hora. Ella lo hizo con su hija de dos meses.

En el recorrido Lusmila Vásquez recordó haberse sentido insegura, pero siguió adelante.

“Era extraño porque nunca habían ido a mi comunidad enfermeras de la ciudad de Pucallpa, pero sentía curiosidad y ellas me animaban a continuar, amablemente me decían que todo estaría bien”, narró: “Llegamos al puerto de mi comunidad a las nueve de la mañana y enseguida subimos en un peque peque (bote con motor). Llegamos al puerto de Pucallpa al mediodía”.

El traslado por el río de Ucayali para llegar a la ciudad es de casi tres horas y media.

“Las enfermeras me dijeron que no me preocupara, que en el hospital se encargarían de cuidar a mi niña de dos meses. Nos decían que ya no faltaba mucho para llegar. Y que en el hospital también nos examinarían para saber si teníamos enfermedades en las partes genitales”, explicó.

Al llegar al puerto de Pucallpa, Lusmila Vásquez repitió lo mismo que hizo hace dos décadas: subió en una mototaxi que luego de media hora la dejó en el Hospital Amazónico.

“Entramos y encontré a varias señoras más. Luego de unos momentos, me hicieron la prueba del Papanicolaou. Después me colocaron una bata y una enfermera me dijo que me ligarían para no tener más hijos. Ya no había forma de escapar. Yo no quería, pero me forzaron a echarme en una camilla. Entonces pensaba dos cosas: ¿Voy a morirme o no? ¿Con quién estará mi hijita de dos meses?”.

A pesar de la oposición de Lusmila Vásquez, fue conducida a la Sala de Operaciones.

“No había nadie, tenía mucho miedo. Un hombre vestido de blanco me puso una inyección. No podía pensar, no podía sentir, no podía decirle nada. Empecé a quedarme dormida”.

Cuando Lusmila Vásquez despertó ya estaba esterilizada.

Sus manos tocaron el corte. Estaba confundida y no sabía cómo reclamar a las enfermeras. Simplemente seguían sin salirle las palabras y entró en un estado de pánico abrumador.

Corte traicionero
“A la hora de despertar sentí un dolor, toqué el corte con mi mano. Había un corte debajo de mi ombligo. ¿Por qué tengo esto? ¿Qué me han hecho? Yo no tenía esto. Las enfermeras solo me dijeron que después de cuatro días tenía que ir a un puesto de salud cercano a mi comunidad para que me sacaran los puntos”, narró.

Ella pasó la noche en la sala de recuperación del Hospital Amazónico.

“Yo vi a otras señoras gritando, llorando. Tenía a mi hijita ya conmigo, pero no podía cargarla por el dolor. ¿Por qué me hicieron esto?”, recordó, con amargura.

Veinte años después en la misma Sala de Operación, al relatar lo que sufrió su rostro cambió abruptamente. Sus ojos reflejaban molestia y tristeza, una suerte de incomodidad, y a la vez su voz no ocultó su indignación.

Al día siguiente personal del hospital embarcó rápidamente a Lusmila Vásquez y a otras señoras en un bote para que regresaran a sus comunidades.

“Hicimos como cuatro horas de viaje adoloridas, sin agua, sin medicinas. En el bote pensaba mal de las enfermeras. Yo les creí lo que me dijeron, pero me engañaron. Siempre me preguntaré: ¿por qué confié en ellas? En el viaje pensaba que le diría a mi esposo, Lorenzo Vásquez Paredes, tenía mucho temor de contarle. Pero no podría ocultarlo”, declaró Lusmila.

“Ninguna de las enfermeras nos ha acompañado de regreso, solo el motorista nos ha llevado y nos ha dejado en el puerto (de mi comunidad). Tuve que caminar sola hasta mi casa, adolorida y con mi hijita de dos meses. Mi esposo se molestó, pero luego comprendió que no fue mi culpa y se resignó. Me eché a descansar, puse a mi hijita en la hamaca, y cuando quise cargarla, ya no podía. ¡Qué tristeza sentí! ¡Yo nunca pedí que me hicieran esto!”.

De acuerdo con el Registro Único de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas (REVIESFO), hasta el momento se han inscrito 4 mil 749 mujeres que afirman haber sido violentadas por esta práctica ilegal.

Terca justicia
Lusmila Vásquez llegó por primera vez a Lima con La República. Vino para sumarse al Segundo Encuentro de Mujeres Víctimas de Esterilizaciones Forzadas, organizado por el Grupo de Reparaciones a las Esterilizaciones Forzadas (GREF).

Se reunieron mujeres de diez departamentos de costa, sierra y selva. Es una oportunidad para conocerse entre ellas, aprender más sobre sus derechos y alzar su voz de protesta.

El caso de las esterilizaciones forzadas está en manos del fiscal superior Luis Landa Burgos, quien resolverá si hay causal de denuncia contra ex funcionarios gubernamentales en el plazo de un mes.

“He decidido venir para aprender más lo que nos pasó, no solo a las madres de Ucayali, sino de todo el país. Quiero saber cómo defender mis derechos y que mi historia no sea olvidada. Luego del encuentro, cuando regrese a Ucayali, voy a informar a las demás madres sobre lo vivido. Nunca he hecho algo así, pero siento que le dará un cambio a mi vida”, declaró.

Ella vino a contar que las secuelas de la esterilización no consentida no se reducen a la privación de la maternidad. Hay otras que afectan la vida diaria hasta el final.

“Yo era una mujer fuerte, que era sana y feliz sembrando y vendiendo plátanos junto con mi familia. Luego de la ligadura me volví una mujer débil y atemorizada”, manifestó: “Ya nunca más pude cargar plátanos. Quiero ser fuerte de nuevo, ya no confío como antes. Ahora me dedico a la artesanía, trabajo con semillas y hago pulseras. Pero se vende poco, mi economía es muy mala. Y todo por la esterilización”.

Datos

– Confirmación. Augustina Saldaña Rengifo fue otra de las mujeres que junto con Lusmila Vásquez fue llevada hasta el Hospital Amazónico.

– Testimonio. “Yo he salido con Lusmila de Puerto Consuelo al bote, sin saber a qué estábamos yendo al Hospital Amazónico. Las enfermeras nos han mentido, nos han engañado. Yo no quería esto”, declaró.

“El presupuesto para reparar a las víctimas actualmente es 0%”

– La académica especialista en esterilizaciones forzadas e integrante del Grupo de Seguimiento a las Reparaciones a Víctimas de Esterilizaciones Forzadas (GREF), Alejandra Ballón Gutiérrez, criticó al gobierno por la falta de compromiso con las víctimas.

– “En el marco del Segundo encuentro de mujeres afectadas por las esterilizaciones forzadas hay que señalar la lamentable renuencia del actual gobierno a implementar una política de reparaciones integrales a pesar de que el REVIESFO –que es una iniciativa estatal– cuenta con 4,749 víctimas mujeres inscritas”, indicó

– “Esto se ha manifestado en el total recorte del presupuesto para dicha finalidad, que en la actualidad es de 0%. Nada”, indicó Ballón.

 

Fuente: http://larepublica.pe/politica/1212351-shipiba-recorrio-20-anos-despues-por-la-ruta-que-la-llevaron-para-esterilizarla

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