Pobreza, agro e institucionalidad

agri

Hablar de pobreza, problemas y falta de oportunidades para los pequeños productores agrarios, es lacerante. No solo porque representan al significativo 27.5% de la PEA nacional (INEI, 2021), sino porque la inmensa mayoría de los peruanos tenemos lazos de origen con la familia agraria. También porque gracias a ellos nos alimentamos día a día y porque reconocemos que es un sector que da diversificación a la economía nacional al proveer insumos para la medicina, construcción, textilería, agroindustria, gastronomía, etc.

Indicadores como el índice de pobreza rural con 39.7% (INEI, 2021) y la desnutrición rural con 24.4% (INEI, 2021), así como los resultados escolares no satisfactorios en comprensión lectora, matemática y ciencia/tecnología con 85.5%, 82.3% y 90.3% en estudiantes de segundo de secundaria (ECEL, 2019), no auguran un futuro esperanzador para esta noble población. Lo cruel, es que parece ser real aquella frase que reza “la pobreza se hereda”.

El valor bruto de la producción agropecuaria (VBPA) del Perú es de casi 40 mil millones de soles al año (MIDAGRI, 2021), siendo las regiones de Lima, La Libertad, Ica y Arequipa las que más aportan; en contraposición, las regiones de Huancavelica, Tumbes, Madre de Dios y Moquegua son las de menor contribución.

El MIDAGRI, en su calidad de representante del Estado, tiene la responsabilidad de dar soporte para que el sector agrario brinde seguridad alimentaria al país, genere adecuado empleo, desarrolle innovación, sea fuente para la diversificación económica y enfrente la fuerte embestida que trae el cambio climático, entre otros temas. En esa dirección, sobre la base del enfoque de ordenamiento y desarrollo territorial, su rol debe ser la organización de la prestación de servicios innovadores para cumplir con su misión.

Durante el año 2021, el gobierno asignó para la función agraria más de 7 mil millones de soles, destinando al MIDAGRI (3,181 millones), GOREs (1,860 millones) y municipios (2,071 millones). Esta suma equivale aproximadamente al 17.5% del VBP agropecuaria nacional, pero que no logra el retorno mínimo. Ese mismo año, Ayacucho logró un VBPA de 651 millones y se le asignó un presupuesto, a nivel de los 3 niveles de gobierno, de 278 millones (equivalente al 42.7% de su VBPA); sin embargo, su productividad es baja pese a que la relación presupuesto asignado y VBPA es proporcionalmente alta.

La ineficacia e ineficiencia en la asignación y uso de los recursos económicos es indiscutible, lo cual se evidencia en los limitados indicadores en producción, capacitación, generación de valor agregado, gestión del agua, reforestación, innovación, etc. La situación es tan compleja y difusa con respecto a resultados de gestión, que llegamos a enfrentarnos a situaciones polémicas como las siguientes:

. Se desconoce si cada año se gana o pierde frontera agrícola en el país (por distintas causas);

. No se tiene claridad si dar créditos a una tasa anual de 20% – 25% ayuda o da problemas al pequeño productor.

. Al parecer, los costos por organizar mercados itinerantes son mayores que los beneficios netos que reciben los productores involucrados en estas actividades; y

. Es un enigma saber si los planes de negocios que implementa Agroideas se sostienen o no al segundo año de su implementación (son más de 1200 planes financiados). El mundo al revés.

En la configuración del entrampamiento institucional agrario que se evidencia y deteriora, la responsabilidad es compartida entre el Congreso, MEF, MIDAGRI, la Asamblea de Gobernadores y CEPLAN, puesto que estas entidades son las que aprueban instrumentos medulares como las políticas, organización, estrategias, objetivos, planes y presupuestos.

Ayudar a revertir la situación crítica del productor, pasa por la tarea de reconceptualizar y reestructurar la institucionalidad agraria, la cual ha entrado en su mayor caos desde que se implantó la regionalización hace 20 años. En la actualidad, no existe un marco conceptual de desarrollo concertado con las regiones y el esquema de trabajo operativo está fuertemente atomizado. Esto ha sido causado por el embrollo operativo del MIDAGRI y sus OPDs, por la relación resquebrajada entre el MIDAGRI y las DRAs, y por el poco interés en los municipios.

En la dirección de revertir la baja integración y cohesión de la institucionalidad agraria, la tarea debe ser retomar el Rol Rector del MIDAGRI. Seguidamente, debe plantearse una nueva forma de organización, ensamblada linealmente en armonía con los nuevos organigramas que las DRAs deben generar. Es necesario construir una nueva división de trabajo, en donde el MIDAGRI asuma el rol de dirección estratégica / control, y las DRAs, la promoción agraria sobre la base de las agencias agrarias. El MIDAGRI debe mantener aquellos servicios de naturaleza indivisible (como la innovación a cargo del INIA).

La línea divisoria y confrontacional entre las DRAs y el MIDAGRI debe desaparecer. Para ello, es necesario construir un modelo de organización concertado e innovador con los gobiernos regionales para eliminar la dualidad, paralelismo y ambivalencia que ha hecho mucho daño a la institucionalidad agraria (trabajo de ingeniería en el ámbito organizacional). Es evidente también que los presupuestos de las DRAs son marginales con respecto a los presupuestos regionales, por lo que urge alinear los recursos de la institucionalidad agraria de los tres niveles para optimizar resultados. Esto debe significar la aplicación de un solo plan agrario y con una sola unidad de gestión por región.

Los sectores de educación y salud han hallado mejores fórmulas de unidad y trabajo con las regiones, a diferencia del MIDAGRI; por lo tanto, urge tomar como ejemplo estas experiencias y construir eficacia. Actualmente, en Cajamarca, Cusco y otras regiones puede encontrarse fácilmente 10 ó 15 planes agrarios, cada uno construido bajo diferentes enfoques y metodologías (SENASA, Agrorural, SERFOR, INIA, Agroideas, ANA, Sierra y Selva Exportadora, PSI, DRA, etc.). Esta situación se ha venido agravando durante años y CEPLAN, como ente rector, no ha hecho el mayor esfuerzo por replantear un modelo de planificación que tenga una trayectoria objetiva: ¿existe algún analista nacional que sustente que este esquema de planificación es el correcto?

En el pasado – sabiendo o no – distintos ministros han modificado al MIDAGRI: cambiaron su nombre, crearon unidades por temas mediáticos, instauraron direcciones sin presupuesto o formaron comisiones por cada circunstancia (más de 450); sin embargo, no se ha realizado esfuerzos para abordar la forma de estructurar al MIDAGRI con las DRAs y municipalidades para lograr un trabajo articulado. Los Comités de Gestión Regional Agraria (CGRA) fueron concebidos como un medio transitorio de coordinación hasta construir un nuevo esquema, no como un fin organizacional.

En base a lo sustentado y a la necesidad de construir una nueva arquitectura organizacional nos preguntamos: ¿Existen razones para que la Dirección Agrícola, la Dirección de Ganadería y Sierra y Selva Exportadora estén separadas? ¿Existen motivos para que las unidades a cargo de desarrollar infraestructura como Agrorural, PSI, Sierra Azul y la Dirección Hidráulica continúen también separadas? Entre otras importantes interrogantes.

Sin embargo, se hace necesario enriquecer y crear nuevas líneas de trabajo: ¿Qué unidad estudia y propone medidas con respecto al cambio climático? ¿Es necesario crear dentro del INIA una unidad de captura tecnológica y así aprovechar los descubrimientos internacionales que vienen cambiando al agro en el mundo? Es necesario dar una mirada profesional a la reorganización de toda la institucionalidad agraria: la tarea va por la senda de unificar, transferir, reducir y reconceptualizar sin adicionar burocracia.

Entre el MIDAGRI y las DRAs, laboran más de 13 mil personas, de las cuales más del 90% trabaja en las ciudades, mientras que las agencias agrarias languidecen o son cerradas por falta de recursos. Si los temas conceptuales, organizativos y estratégicos no se abordan adecuadamente, la institucionalidad agraria no estará en condiciones de asumir los retos del futuro en el sector.

La población agraria es y ha sido resiliente a sucesos históricos. Hoy, preocupa las alarmas sobre la crisis alimentaria, pero estamos seguros de que, incluso con el problema que trae el alza y escasez de insumos y fertilizantes, los productores nuevamente volverán a salir adelante, aún en pobreza. Podrán subir los precios, pero no van a faltar alimentos para nuestra población.

Tenemos condiciones para ser potencia en el agro; la gastronomía y la agroexportación han marcado el camino a seguir. Es necesario innovar en producción y gestión, tanto a nivel del productor como de la institucionalidad agraria. Debemos consumir lo que dice la receta que prescribimos a los pequeños productores: innovación.

Fuente: Revista Agraria.

Autor: Juan Faustino Escobar.

Foto de portada: SENASA.

Foto interna: SERVINDI.


		

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